Por Salvador Guerrero Rodríguez (socio fundador)

En el mismo lugar donde hoy escribo estas notas inició su andadura este despacho, hace ya 40 años.

Cuando me felicitan con ocasión de este aniversario siento una mezcla de satisfacción y agradecimiento. Y ello por cuanto he superado un periodo de tiempo al frente de un trabajo que es a la vez emocionante, difícil, creativo, gratificante (en ocasión no tanto), y que en definitiva, me ha permitido vivir dignamente, sirviendo en cierta medida a amigos que pasaban a ser clientes, a clientes que se convertían en amigos y a la sociedad en general.

Ahora, repasando a vuela pluma esa trayectoria, constantemente me viene a la mente el recuerdo de tantos compañeros y amigos que, de manera diferente, pero imprescindible, me ayudaron a mantenerme en el ejercicio de esta profesión. A todos ellos, mi permanente agradecimiento.

Conforme avanzo estas notas, me da la impresión que de alguna manera me estoy atribuyendo el mérito de este 40 aniversario, cuando realmente mi participación en ello es de una mínima proporción. El éxito es realmente del despacho, ese que trasciende mi intervención y la del resto de colaboradores, sin suya aportación no habría sido posible superar tantos obstáculos. A esos abogados que integraron este colectivo y a los que aún lo enriquecen con su prestigio, sabiduría y entrega, gracias en mi nombre y en el de esta pequeña empresa que deseo persista muchos años más